Una ciudad en el desierto

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Una ciudad en el desierto

La disponibilidad de agua en Lima

Después de la ciudad de El Cairo, Egipto, la zona metropolitana de Lima y Callao es la segunda ciudad más grande del mundo ubicada en un desierto. Llueve solo 9 milímetros al año y la escasez de agua es una de las principales condicionantes ambientales que ha acompañado el crecimiento de la ciudad durante su historia. Lograr el manejo ambiental del ecosistema desértico y llegar a una gestión integral, equitativa y eficiente del agua es un enorme desafío, considerando que Lima y Callao tienen una población de casi 9 millones de habitantes, lo que la convierte en una de las cinco mayores urbes de Sudamérica junto con Sao Paulo, Río de Janeiro, Buenos Aires y Bogotá. Esta población crece muy rápidamente, se estima que en el 2040 seamos 14 millones de habitantes. A diferencia de El Cairo, la ciudad de Lima no tiene grandes ríos ni reservas de agua. En la capital del Perú, se asienta cerca de 30% de la población de todo el país, que se abastece de agua utilizando el recurso hídrico de tres cuencas, de los ríos Chillón, Rímac y Lurín. Estos ríos nacen en la sierra de Lima, en las provincias de Huarochirí y Canta.


Las tres cuencas de Lima y Callao se encuentran en estado crítico de escasez hídrica. Están ambientalmente muy degradadas y los ríos sufren de graves problemas de contaminación. En caso de sequía prolongada en la sierra, la provisión de agua a la ciudad es altamente vulnerable.
La población de Lima tiene una demanda de agua muy elevada en comparación con otros capitales en la región. El uso ineficiente del agua por parte de la población, es preocupante (regar jardines con agua potable más de lo necesario, por ejemplo). Sin embargo, esta demanda elevada no es uniforme, son los barrios de medios y altos recursos que más agua usan, mientras que los habitantes de los barrios marginales notan la situación de escasez diariamente. El 8% de la población de Lima, en su mayoría ubicado en los asentamientos humanos ubicados en las laderas de los cerros de la ciudad es abastecida a través de camiones cisterna, pozos artesanales, ríos, acequias o manantiales. Muchas veces esta agua es de inadecuada calidad y su provisión no es segura.
Por tal motivo insistimos en el uso adecuado del recurso hídrico que es vital para el consumo humano y animal. Esta labor más allá de una responsabilidad por parte de los gobiernos, pasa a ser un accionar continuo del ciudadano quien es el usuario final del agua y que en sus manos está el mejorar la gestión del tan valorado recurso.

(Fuente: AQUAFONDO)